El frente que se presenta como novedad junta radicales agotados, macristas de archivo, libertarios obedientes y hasta un cooperativista solidario siempre dispuesto..
por Pipo Fisherman 17-08-25
Dicen que la política es el arte de lo posible. En Pringles, parece más bien el arte de lo reciclable. El oficialismo estrenó su nueva (y enésima) Alianza, esta vez de la mano de los libertarios, confirmando por fin su tantas veces anunciado corrimiento hacia la derecha más rancia y ruidosa de estos tiempos. No fue un salto repentino: es la culminación de una década de tejes y manejes con partidos fantasmas de dos o tres integrantes, ex militantes despechados que no pudieron ganar una interna, y hasta ex intendentes que sólo conservan un sello polvoriento con un nombre de partido. Como buen álbum de figuritas políticas, cada estampita se fue pegando sin mirar demasiado la coherencia, siempre con tal de llegar “acompañado” a la próxima elección.
Vaya aquí un pequeño ayuda-memoria, en forma de video:
El acto de lanzamiento no se quedó atrás en grandilocuencia: “un marco impresionante de público”, aseguraron los voceros locales, con tanto entusiasmo que hasta afirmaron que quedó gente afuera. Pero basta con mirar las fotos para que la épica se derrumbe: más de la mitad del salón estaba copado por funcionarios de primera y segunda línea, sumados a militantes rentados con cargo municipal. Una verdadera fiesta de la democracia financiada con fondos públicos. Y, como si faltara una estampa del folklore político, allí aparecen —en una imagen casi costumbrista— algunos personajes ya sin capital político ni peso real en el mapa local, pero con esa obstinación incombustible que los mantiene orbitando cerca del poder. Esperan, quizá, que en algún descuido alguien deje caer una migaja.
Veamos:
De los discursos de los candidatos debutantes poco puede rescatarse: frases de manual, promesas de “abrir el HCD a la gente” y de “escuchar cada pedido del ciudadano”. Nada nuevo bajo el sol. La atención, como siempre, se concentra en los veteranos y en los “capitanes” de esta flamante alianza de derecha.
Cabanillas agradeció a sus “correligionarios” el apoyo, aunque su partido compite con lista propia. Un acto de teflón político digno de estudio. El intendente, fiel a su estilo de protagonista único, volvió a inflar el porcentaje de cobertura de cloacas y agua (ni cerca del 95%), y a pavonearse como “Rey del Hormigón”, pese a que hay vecinos a pocas cuadras del Palacio Municipal sin cloacas pero con calles recién hormigonadas. ¿La idea es nunca llevarles el servicio o romper la obra nueva cuando llegue?
El déjà vu continuó con su promesa de terminar “la Pirámide” —el Polideportivo— el año próximo, otra vez presentado como “monumento al abandono” de gestiones pasadas. El detalle incómodo: esa acusación alcanza también a su gurú Berterret (ausente con o sin aviso?), y a su flamante socio vecinalista. Y hasta se permitió hablar de fondos nacionales para obras públicas, dato que cualquiera sabe, es ficción.
Como siempre, ni una mención a loa múltiples y graves problemas del sistema de salud local, los sueldos de mitad de la canasta básica que paga a los empleados, mientras él y un reducido grupo de funcionarios embolsa millones, la falta de diálogo y de la más elemental empatía para entender y abordar cuestiones básicas, sólo porque no están en la agenda oficialista, y varios otros conocidos etcéteras.
Incluso se permiten la sobreactuación de una falsa épica: la de haber construido la “Alianza más amplia de la historia de la democracia pringlense” (ensayando para copiar frases como "el mejor gobierno de la historia?).
Repasemos: Primero Pringles (no, no es una franquicia de snacks, aunque se le parece), integrado por el MID —de quien apenas se conoce un único militante, y todavía nos queda la duda de cuánto tiempo “alquiló” el sello—; la UCR —que a esta altura se reduce a dos concejales y un consejero escolar, más el inevitable asesor legislativo de esos que cobran sin que nadie sepa muy bien qué hacen, todos juntos sumando apenas unas decenas de votos—; el PRO —otro calco del radicalismo, apenas un nombre en una lista de alianzas que hoy son furgón de cola oficialista—; y la ex-Vecinalista Compromiso Pringles, rebautizada mil veces entre Cambiemos, Juntos por Pringles o lo que toque según la rosca, que más que partido es hoy una nutrida legión de funcionarios de distintas jerarquías, empleados-militantes y algún “cooperativista solidario” siempre dispuesto a arrimarse a la estufa del poder.
Y, para cerrar el rejunte, los nuevos socios de La Libertad Avanza: un grupo escuálido que hasta ahora solo repite como un mantra los preceptos —y a veces las barbaridades— que baja la Casa Rosada. Los autoproclamados “anti-casta”, todos cómodamente instalados en cargos de la casta local.
Y así, entre sellos de alquiler, reciclajes de ocasión y entusiasmos pagos, se da por inaugurada la campaña. Es apenas el primer acto de una función que promete repetirse con más histrionismo, más épica inventada y, seguro, con más escenas dignas de archivo. Porque esto recién empieza, y el espectáculo siempre puede ser aún más grotesco.